jueves, 10 de septiembre de 2009

El tiempo y el espacio en el país Mor.

Así como personas son gatos, estrellas recuerdos y flores, soles, un minuto es eternidad y 100 días, segundos infinitesimales. Estar acá, es trasladarse a todos y a ningún lado.
Estar allá, es un poco quedarte acá. Los kilómetros, las distancias reales, geométricas, medibles no se conocen. No entran en el imaginario de lo posible en los seres vivientes, residentes por elección, nativos, extranjeros. Las fantasías, visualizadas de todos se corporizan en los espacios comunes. La idea de una sola dimensión, no se concibe, la posibilidad de guerras, es nula, porque no existen las fronteras, ideologías ni intereses económicos. El plano de sentimientos que se maneja es el que ella elige todos los días, desde el rincón que le fue supuestamente destinado en algún momento, por alguien.
El soplido de un simple respirador de aire, trasforma la fisonomía de aquella realidad del país Mor. Ella en cada burbuja, muñeca acompañante, veía el fluir de explosiones internas, conjugadas con besos, abrazos y caricias…
Viajante en burbujas de chocolate, miel y almendras, iba flotando, degustándolas, oliéndolas…y entraban en el palacio…en la música eterna, silenciosa, en instrumentos sensoriales, pulmonares y visuales. Palacios de agua, aire, fuego y agua. Pura y perfecta conjunción de elementos definen el espacio incomprensible para muchos, atemorizante para otros, adrenalínico, pero reconfortante, pacífico, inspirador. De color rosa y amarillo

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